jueves

LONJA DE MERCADERES DE VALENCIA:

 

El edificio pertenece al gótico civil valenciano, ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados, antes en este lugar a finales del siglo XIII, se levantaba la antigua Lonja, pero el nuevo reino creado por Jaime I, hizo que la ciudad decidiera iniciar la construcción de la actual Lonja, más acorde con las necesidades por el dinamismo que iba adquiriendo la ciudad.

La construcción del edificio duró más de 60 años. El Consejo de la Ciudad adquirió 25 casas para derribarlas y ganar espacio para el nuevo edificio, y la primera piedra se colocó en 1482, el ingeniero y arquitecto Pere Compte no pudo ver su obra terminada, tras su muerte otros maestros se hicieron cargo y en 1548 se dio por terminado el edificio.


Es un conjunto de tres cuerpos, Salón de Contratación, Torreón Central y el Consulado de Mar.  También cuenta con un jardín, llamado Patio de Naranjos

Una puerta gótica abierta a la plaza del Mercado da acceso al gran salón columnario (Sala de Contratación) que ocupa casi la mitad de toda la superficie y es donde se llevaban a cabo los acuerdos comerciales, está dividido en tres naves longitudinales y cinco transversales, marcadas por las ocho columnas que soportan las bóvedas, tiene una altura de algo más de 17 metros, el conjunto resulta monumental con sus columnas helicoidales


                                                                     Puerta calle lateral

  “-a modo de amarras de barco o madejas de seda- que, como palmeras mediterráneas, se abren al llegar al techo para convertirse en las nervaduras de las bóvedas, en su tiempo pintadas de azul con estrellas de pan de oro”.




El pavimento está formado por piezas de mármol negro, blanco y de color canela, que se unen en algunos puntos para formar estrellas de seis puntas rodeadas de cuadrados. A 11 metros de altura, una cenefa con letras pintadas en dorado recuerda a los comerciantes los deberes de todo mercader cristiano, “…Compatricios, comprobad y ved, cuán bueno es el comercio que no lleva el fraude en la palabra, que jura al prójimo y no le falta, que no de su dinero con usura…"

 
En el Archivo Municipal de Valencia se custodia la Mesa y la primera letra de cambio conocida en España, y que nació de la instalación de la “Taula de Canvis” instituida en dicho Salón en 1407.

En la parte baja de la Torre, con molduras góticas y bóveda de crucería se situó la capilla dedicada a la Inmaculada Concepción, y en las estancias superiores, ocupando dos pisos, la cárcel destinada a mercaderes declarados en quiebra o morosos en el pago.

                                                                              Capilla
La capilla y el Salón se separan por una verja recuperada de la antigua Casa de la Ciudad (Ayuntamiento), dese ahí una puerta da acceso a una escalera de caracol de piedra, sin eje interior, verdadero alarde técnico del genial Pere Compte. Sus peldaños se apean en el muro cilíndrico en el que se desarrolla, dejando el centro hueco. Una muestra de la complejidad y el grado de evolución técnico alcanzado por la cantería valenciana en los siglos XIV y XV.


Y el llamado Consulado del Mar fue la parte que no pudo terminar el artífice del proyecto. Se accede desde el Salón y a través del Patio.

En su planta baja se encuentra un salón que albergó el famoso tribunal de comercio. El Consulat conserva un espléndido artesonado de madera policromada y esculpida, procedente de la desaparecida Casa de la

Ciudad, y un gran lienzo de Espinosa, de 1662, preside la sala.

                                                                        Salón Dorado

 El Tribunal del Consolat del Mar fue una antiquísima institución valenciana que desde el siglo XIII se ocupó de los asuntos marítimos y mercantiles, recogidos desde 1407 en un Códice, el Llibre del Consolat del Mar, valioso incunable del Archivo Municipal de Valencia.

El monumental edificio tiene en todos sus elementos un marcado carácter simbólico, vemos la representación del paraíso si nos imaginamos que las columnas representan árboles y las cúpulas la bóveda celeste.

Podemos contemplar una gran variedad de representaciones heráldicas de la ciudad de Valencia (presente también en otros edificios)

El edificio se asemeja a los castillos medievales por el aspecto de fortaleza y sus almenas, está construido en piedra calcárea, se pueden apreciar 28 gárgolas góticas, con alegoría a figuras fantásticas, monstruosas o satíricas, que han generado multitud de debates sobre sus enigmáticos simbolismos. Los ventanales ojivales, molduras, pináculos y capiteles profusamente floridos, y con figuras esculpidas de temas profanos, que según se dice guardan un misterio que quiso imprimirles el maestro cantero.
Siguiendo en el exterior y perteneciente al tercer cuerpo del edificio, el Consulado del Mar, y en la parte alta de la fachada recayente a la plaza del Mercado, se aprecia la galería corrida de arcos y los cuarenta medallones representando el busto de emperadores romanos y personajes ilustres.

Es un edificio muy bello, sito en la histórica Plaza del Mercado, integra un rincón con gran valor arquitectónico del casco antiguo de Valencia, configurado con su función mercantil desde la época medieval. Enfrente está situada la iglesia de los Santos Juanes antiguamente era una mezquita, aderezada espléndidamente por el barroco valenciano y declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1947. Y el no menos impresionante Mercado Central -con sus cúpulas de hierro, vidrio y cerámica- uno de los edificios más destacados del Modernismo Valenciano, que mantiene su función comercial, como una de las superficies de alimentos frescos más grande de Europa.

                                                      

La pujanza económica y cultural de Valencia de la época capitaneaba el liderazgo de la Corona de Aragón por todo el Mediterráneo. Y nació la necesidad de ampliar la antigua Lonja.

La justificación de un edificio de tal envergadura, destinado a la realización de transacciones mercantiles relacionadas con el próspero comercio de la ciudad en el siglo XV, se debe a que la ciudad no se vio afectada por los problemas políticos que si tenían Cataluña y Aragón. Momento en que predominó un papel muy importante la naciente burguesía urbana.

 En ese periodo Valencia fue puerto de Castilla, y mantuvo relaciones comerciales con ciudades francesas, italianas, y del norte de África. La moneda del Reino de Valencia se hizo fuerte y la ciudad se desarrolló cultural, artísticamente y por supuesto económicamente.

Esa época dejó tambien magníficas obras civiles: Torres de Quart, Palacio de La Generalidad Valenciana, La cúpula de La Catedral…

La Lonja de Mercaderes, también se la conoce como Lonja de la Seda y deriva del hecho que el tejido de seda era desde el siglo XIV al siglo XVIII la industria más potente de la ciudad, numerosos sederos locales (293 maestros censados en 1487), muchos de ellos judíos y luego conversos, acabaron agrupándose en la «cofradía de la Virgen de la Misericordia».

Durante la segunda mitad del XVIII fue el momento de máximo esplendor: veinticinco mil personas se dedicaban a la industria de la seda en la ciudad, que contaba con más de tres mil telares.

 La Lonja fue, nombrado Monumento Nacional desde el año 1931, y la Unesco declaró la Lonja de la Seda Patrimonio de la Humanidad el 5 de diciembre de 1996, como «ejemplo totalmente excepcional de un edificio secular en estilo gótico tardío, que ilustra de manera espléndida el poder y la riqueza de una de las grandes ciudades mercantiles del Mediterráneo», siendo considerada como uno de los más brillantes ejemplos del gótico civil europeo. Las fachadas rectangulares de piedra picada, los suntuosos medallones renacentistas, las artísticas esculturas y gárgolas, las perfectas proporciones de las puertas y ventanas, de los escudos y de los merlones, recuerdan el esplendor del gótico tardío valenciano. 

Mencion aparte merecen las gárgolas de la lonja y las de Valencia, otro dia las visitaremos.

miércoles

El espejo del futuro:







       

DECREPITUD

Asilados en una infancia obscena,
en el exilio de su misma sombra,
desde un limbo de hielo,
derritiéndose,
los viejos testimonian, sin enigma,
sobre el enigma viejo de estar vivo.

Gota a gota en presente, son futuro,
evanescencia al fin fuera de tiempo,
que en la fronda del tiempo anda perdida.
Espectros de la carne en su derrota,
se acogen al sagrado de la carne,
que en deserción de sí no los ampara.
pabilos sin fulgor de inteligencia,
arden a fuego extinto en su hendidura,
ascuas de quienes fueron, balbucientes.

Isla del fin del mundo, conmovidos,
vemos flotar en pasmo la vejez,
a la lunar deriva del asombro.
Nos resulta del todo inconcebible
nuestra decrepitud, nuestra mudanza
hasta desconocernos en nosotros
y en nosotros errar entre lo ajeno.

Cómo subsiste ciega la energía
en su impúdico afán de propagarse.

Madre senilidad, nunca te amamos.
Madre senilidad, no te amaremos.

Qué frágil, en su ser, la fortaleza.
Qué sólido el vivir, de sumo frágil.

Carlos Marzal





 





    Este trabajo nació de la oportunidad que tuve para fotografiar a una mujer 101 años de edad, que se ofreció voluntariamente, para posar desnuda para mí. No era más que un ejercicio de documentación de su figura de una manera hermosa. Sus únicas instrucciones fueron para asegurarse de que ella no sería identificable en las imágenes.
    Cuando más tarde revisé las imágenes, supe que estaba viendo algo muy especial. Los espectadores resultan visiblemente conmovidos por lo que están viendo. Tanto si se están preguntando, "¿es esto lo que voy a parecer?" O recordar a un ser querido -. La respuesta parece ser universalmente emocional en algún nivel.

Anastasia Pottinger, fotógrafa.